Te ví de lejos

Te ví de lejos. Tus pasos pequeños y apresurados hacían parecer que bailabas al avanzar, como si estuvieras escuchando el soundtrack de un musical… Me detuve a observarte y busqué una posición en la que me pudieras ver si acaso volteabas, aunque fuera sólo un poquito. Pero no lo hiciste. Con la escalera eléctrica se fue, de manera gradual, la posibilidad de que me vieras. Y estuvo bien, porque no habría sabido qué decirte.

Te ví de lejos. Cruzabas una avenida con esquinas amorfas, lo que te hizo recorrerlas como si fuera un semicírculo. No te quería gritar porque seguro no contestarías a menos que escucharas tu nombre, y de entre todo lo que quería que escucharas, tu nombre era lo menos importante. Yo no podía ir hacia ti, así que agité mis brazos con la esperanza de que me vieras… hasta que te perdí de vista, pues nunca miraste en mi dirección. Por la hora y la cercanía a tu casa, imaginé que caminabas de regreso del trabajo.

Te ví de lejos. Esperabas en la puerta de un edificio, quizás a que te abrieran, quizás a que saliera alguien. Mirabas al piso, o el movimiento de tus pies, con cara triste. Era la primera vez que te veía desde que no quise volver a verte.

Te ví de lejos. Ibas montada en la ecobici pero te detuviste prácticamente en la puerta de mi casa… que no conocías. Yo me dirigía desde la acera opuesta a esa puerta precisamente, y mientras pensaba en cómo saludarte, me fijé en tu atuendo, que era como el que acostumbrabas 5 años atrás. Pero al acercarme descubrí que no eras tú, y nos cruzamos sin decir palabra.

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